El programa de televisión «Produciendo» visitó el predio experimental del INTA en Pocito. De la mano del experto Gonzalo Roqueiro, te contamos los secretos de este cultivo ancestral, las claves para ganarle al clima sanjuanino y el éxito de «Morrillos», la variedad 100% autóctona.



La quinua ya no es solo una herencia de nuestros antepasados precolombinos; hoy es una realidad productiva con sello local. En una reciente emisión de Produciendo, el clásico ciclo televisivo de la provincia, se destapó la olla de un trabajo silencioso que el INTA lleva adelante desde hace más de una década: la reintroducción y adaptación de la «súper quinua» en suelo sanjuanino.
Un laboratorio a cielo abierto en Pocito





En el campo experimental de Pocito, el ingeniero Gonzalo Roqueiro explicó cómo la ciencia logró estabilizar la genética de este pseudocereal. El gran hito de esta investigación es «Morrillos», la segunda variedad inscripta en la provincia y un orgullo 100% autóctono que compite palmo a palmo con las semillas del norte argentino.
Gonzalo Roqueiro, investigador del INTA San Juan, destaca a la quinua como un cultivo ancestral rústico y estratégico, valorado por su alto valor nutricional, perfil completo de aminoácidos y su capacidad para adaptarse a suelos marginales y climas extremos con bajo consumo de agua. El cultivo, apto para celíacos, presenta un manejo sencillo, requiere poca mano de obra, y su producción local busca satisfacer la demanda nacional y reducir las importaciones mediante la desaponificación industrial. Para conocer más, visite





El duelo de las semillas: «Morrillos» vs. «Hornillos»
El éxito de la quinua en San Juan depende de un factor clave: esquivarle al calor extremo durante la floración. Para lograrlo, los especialistas manejan dos genéticas muy diferentes:
- Morrillos (La sanjuanina): Es una variedad de ciclo corto (solo 100 días de la siembra a la cosecha). Su gran ventaja es que, al sembrarse en agosto, florece antes de los calores fuertes. Cuando llega el verano, la planta ya está en la etapa de «llenado de grano», por lo que rinde al máximo. Hoy ya se exporta con éxito a Córdoba, Buenos Aires y Neuquén.
- Hornillos (La jujeña): Es una planta que depende mucho de las horas de luz (fotoperiodo). Si se siembra temprano puede tardar hasta 150 días, pero en San Juan descubrieron que sembrándola tarde (en marzo) el ciclo se acorta a 120 días, adaptándose muy bien al invierno del Valle Central.






Los valles andinos: el hogar ideal
Aunque el INTA demostró que con un buen manejo de fechas se puede producir en el Valle Central, el cultivo tiene su lugar en el mundo en los valles de altura como Calingasta, Barreal, Jáchal e Iglesia. La gran amplitud térmica y las noches frescas de la cordillera son el escenario perfecto para que el grano desarrolle todo su potencial, su gran aporte de proteínas y sus minerales esenciales.
La quinua sanjuanina ya dejó de ser una promesa de laboratorio para convertirse en una alternativa real, sustentable y de alto valor nutricional para los productores locales.



El «Grano Madre» prohibido por los conquistadores españoles es la quinua (o quinoa), cuyo nombre en quechua (kinwa) o bajo el título sagrado chisiya mama significa literalmente «madre de todos los granos».



¿Por qué lo prohibieron los conquistadores?
- Veneración de carácter religioso: Los incas consideraban a la quinua una planta sagrada.
- Sustitución cultural y agrícola: Con el fin de desmantelar la estructura social y económica nativa, los españoles tildaron a la quinua de «comida para indios» y obligaron a las comunidades a reemplazar sus campos por cultivos europeos como el trigo, la cebada y la alfalfa.
El refugio secreto y su valor moderno
A pesar de las amenazas de destrucción de campos y castigos severos, las comunidades originarias de las zonas más altas y aisladas de los Andes (como la Puna y el Altiplano) continuaron cultivando la quinua en secreto. Gracias a esta resistencia cultural, el grano sobrevivió de generación en generación.


Hoy en día, la ciencia ha validado lo que los pueblos precolombinos sabían intuitivamente: la quinua es un superalimento excepcional. A diferencia de los cereales tradicionales, posee los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo humano no produce, un altísimo valor proteico y una resistencia climática extrema que incluso llevó a la NASA a seleccionarla como alimento clave para misiones espaciales de larga duración.
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